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Monseñor Luis Cabrera: ‘Esta ciudad es hospitalaria, libre de miedos y prejuicios’

Escrito por Administrador. Publicado en Principal

Guayaquil (El Universo).- Observar a las familias reunidas, los niños correteando en sus juegos y a los jóvenes que se encuentran para compartir un momento de esparcimiento, son aspectos que disfruta en sus caminatas por el malecón Simón Bolívar, durante las tardes o noches acompañado de la brisa del río Guayas.

En sus pocos espacios libres que tiene al frente del despacho arzobispal de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera visita este espacio, a veces, en compañía de un helado de frutas.

Los fines de semana, su agenda generalmente lo lleva a parroquias de los barrios periféricos como isla Trinitaria, Monte Sinaí y los Guasmos, donde se ha percatado de la diversidad. “Lógicamente, me falta mucho por hacer”, afirma monseñor, quien lleva año y medio como arzobispo de la ciudad.

“Me llama la atención la diversidad cultural y étnica, eso hace de la ciudad algo maravilloso, con costumbres tan distintas, eso ha sido lo más impactante”, dice el arzobispo.

Resalta valores comunes como la hospitalidad, y lo describe como una acogida “libre de miedos y prejuicios”, el sentimiento de brazos abiertos “enraizado en los corazones” de los guayaquileños y de los locales que acoge esta urbe.

De los guayaquileños hace hincapié en su solidaridad y el afán por el voluntariado en áreas de salud, vivienda y educación. Cita en el caso de la Curia, el banco de Alimentos que beneficia a unas 14 mil personas al día.

En sus caminatas por el centro, sobre todo en las noches, gusta ir hacia el parque de las iguanas, alrededor de la Curia. Al paso, decenas de personas lo saludan o empiezan a dialogar. “De esos encuentros han nacido otros encuentros de reflexión. Una vez viajaba a Quito y en el aeropuerto una persona se acercó para que la confiese, interesante la manera de abordar”, recuerda.

A cada visitante, en su mayoría religiosos de otras congregaciones locales o internacionales, dice, que dependiendo de sus gustos, los lleva a deleitarse de la arquitectura de iglesias como la San Francisco, la Merced o el santuario de la Divina Misericordia.

A otros los lleva por zonas históricas como la Plaza de la Administración. Con otros va a los museos como el Nahim Isaías, en el centro, al imponente monumento del Cristo del Consuelo o al parque Histórico Guayaquil. Tiene pendiente la isla Santay, que está frente a Guayaquil. “Me han dicho que es muy lindo”, manifiesta.

Aunque de preferencia acepta lo que le ofrecen en las casas parroquiales, el azogueño es un amante de platillos como el cebiche de camarón y arroz con menestra y pescado, a la plancha o al vapor.

En sus visitas a las periferias, palpa aún varias necesidades. Allí, se adentra a las cocinas porque es como una manera de romper el hielo y conocer más a la gente. “Es mi lugar preferido de las visitas, se sorprenden, al principio, tenía un poco de recelo, pero después la gente es muy espontánea”. (I)

Es una ciudad turística, acogedora, ofrece oportunidades, es muy buena anfitriona, muy emprendedora, con espacios y parques bien cuidados... cuando dispongo de un tiempo para caminar voy por el malecón hacia el cerro.

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